Hay días en los que paso mucho tiempo deambulando por webs y archivos de cine y media art. Archivos de todo tipo, desde cine mudo danés a la historia del audiovisual de Nueva Zelanda. Hay muchos, algunos de ellos poco conocidos. La mayor parte del tiempo es una pérdida de tiempo, quizá porque tengo unos gustos muy específicos y encima ya tengo una edad en la que muchas cosas me parecen más de lo mismo, pero peor. Encuentro películas y cortos curiosos, pero pocas veces algo que me sorprenda o me guste de verdad.

En ese deambular, encontré una lista de Letterboxd de cine de vanguardia y underground en la que alguien había añadido nada menos que más de 14.000 películas. Supongo que la lista debe venir de algún tipo de filtrado automático, la otra opción es que venga de alguien muy loco y con mucho tiempo libre. Filtrando por duración y géneros, terminé viendo unos cuantos cortos. Por suerte, hay mucho experimental que se puede encontrar online. Así es como llegué a Hinterlands (2016) de Scott Barley.

Las razones por las que terminamos viendo una película y no otra pueden ser a veces misteriosas. Lo que me atrajo hacia esta fue el póster, el contraste entre esa parte inferior totalmente negra y esa parte superior de colorido intenso. Antes de seguir leyendo, os recomiendo ver el corto, que dura solo 6 minutos. A poder ser, vedlo en la pantalla más grande que tengáis, con el mejor equipo de sonido que tengáis y lo más a oscuras que podáis.

Hinterlands empieza en el enigma casi estático. La cámara se mueve, pero despacio, en el vacío espectral de un paisaje nocturno. De repente, la imagen y el sonido se desbocan y la película te pasa por encima como una apisonadora. Lo único que le puedo criticar es que no dure más, podría estar una hora hipnotiza con ese paisaje espasmódico.

A veces digo que a mí no hay nada que me guste más que una película de colorines y estrobos. Technicolor o luces de neón, me da igual, pero me gustan las imágenes que excitan la retina desde lo puramente formal, no porque sean eróticas, violentas o cualquier otro tema provocador. Con esto no quiero decir que tenga nada en contra del blanco y negro (o de lo provocador), pero un círculo azul eléctrico parpadeando puede ser más arrebatador que un slasher o una porno.

De vez en cuando, tengo amigas/os que me dicen que es difícil recomendarme cosas porque es imposible entender qué me gusta. En cierto sentido puede ser cierto, porque lo que me gusta no tiene nada que ver con él género, el formato o el tema, que es como solemos clasificar el cine, la música y la literatura. A ti te gusta el terror, al otro la comedia romántica, a uno el pop, a la otra el metal… Por lo que sea, mis preferencias funcionan más desde lo formal. Una vez leyendo los libros de cine de Deleuze me encontré con esta cita y pensé, eso es lo que flipa de verdad, lo que me anonada y me aniquila.

Kant distinguía dos especies de Sublime, matemático y dinámico, lo inmenso y lo poderoso, lo desmesurado y lo informe. Ambas tenían la propiedad de deshacer la composición orgánica, una desbordándola, la otra quebrándola. En lo sublime matemático, la unidad de medida extensiva cambia tanto que la imaginación ya no logra comprenderla, choca con su propio límite, se anonada, pero da lugar a una facultad pensante que nos fuerza a concebir lo inmenso o lo desmesurado como todo. En lo sublime dinámico, es la intensidad la que se eleva a una potencia tal que ciega o aniquila nuestro ser orgánico, lo deja aterrorizado, pero suscita una facultad pensante por la cual nos sentimos superiores a aquello que nos aniquila, para descubrir en nosotros un espíritu supraorgánico que domina toda la vida inorgánica de las cosas: entonces ya no tenemos miedo, pues sabemos que nuestra «destinación» espiritual es lisa y llanamente invencible.

Gilles Deleuze, La imagen-movimiento.

Curiosamente, yo hice hace años una película titulada Hinterland. No tiene mucho que ver con la de Barley, son 3669 fotos de una mesa blanca hechas usando la app Hipstamatic, que imita el ruido y el color de las cámaras de fotos analógicas.

Aunque no tengan mucho que ver la una con la otra, aquí también hay colores intensos e imágenes desbocadas. Otra coincidencia es que ambas están rodadas con dispositivos digitales portátiles. La mía son fotos hechas con un iPod touch y la de Barley está rodada con un iPhone. Haced cosas con lo que tengáis a mano. Lo importante es crear, da igual que la calidad de la herramienta no sea la mejor posible o que el resultado pudiera ser mejor.

Desde que yo dejé de ser autónoma para trabajar en una oficina, creo muchas menos cosas y ha habido momentos en los que la existencia se me ha hecho bastante insufrible. Escribid, haced películas, componed música, lo que sea, pero haced cosas, por favor, aunque sean malas o no le interesen a nadie. El arte es de las pocas cosas de esta vida que tienen sentido.

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